Docor y el apasionante viaje (o energía se escribe sin hache)

Las estadísticas demuestran que las empresas que celebran más cumpleaños viven más tiempo. He ahí una verdad simple, materia prima esencial para la comunicación y herramienta básica con la que Docor Comunicación ha avanzado durante los últimos 19 años. Explicar el mundo, nuestro mundo, interpretándolo a partir de las informaciones existentes y difundiendo esa lectura a través de nuestros hermanos, los distintos canales y medios de comunicación. He ahí el juramento que nos encadenó a la vida aquel invierno de 1996. Hacía frío, como hoy…

19 años docor comunicación

Energía se escribe sin hache porque ésta es muda y la fuerza (la de los hombres y las empresas, la de los ideales y los sueños cumplidos y por cumplir; la que nos saca del atolladero o nos lleva a la cumbre…) es eterna comunicación. Escribo hoy un puñado de nuevos renglones en el cuaderno de viaje de Docor para que quede testimonio. Escribo para dar fe de los primeros miedos y las últimas seguridades de Docor, para gritar a los cuatro vientos el valor de la palabra y de la idea, bienes supremos que no podemos permitir que se arrinconen. Cualquier avance, incluso el más vanguardista y tecnológico no es posible sin la idea y la palabra.

Escribo, por situarnos, un 19 de enero de 2015, a caballo entre los años 1436 del calendario musulmán (Je suis humain, أنا بشر o Yo soy un ser humano, tanto da en francés, árabe o castellano…) y con la convicción de que no habrá fuerza que detenga la palabra entre los hombres.   A este nuevo viaje invitamos a todos los clientes y amigos de Docor. Entramos en 2015 a bordo de una caravana de tuaregs, los nómadas del desierto. Compartiremos con ellos, con vosotros, un agradable té en las dunas al atardecer y la lucha en las tormentas del desierto; los dátiles y el agua, la valentía (que no temeridad…) para contar las cosas, para darle un giro a los quehaceres cotidianos y construir un nuevo Docor sin perder las esencias, dándole respuestas a las nuevas y sugerentes preguntas de este tiempo.

Vemos, desde la ciencia y las experiencias acumuladas a lo largo y ancho del calendario (Docor es el segundo gabinete de comunicación por antigüedad de toda Bizkaia…) que cada año contempla las múltiples variaciones geográficas que describen cómo se relaciona el hombre con sus congéneres y con su entorno. Hemos aprendido mucho. Sabemos, por ejemplo, el valor de la diplomacia (el poeta estadounidense Robert Frost nos dijo que un diplomático es un hombre que recuerda siempre el cumpleaños de una mujer pero nunca recuerda su edad…) para contar las cosas con las palabras justas y en el tiempo exacto; el buen uso de los silencios y el no callarse cuando hay tanto que contar. Y habéis sido vosotros, los clientes y amigos (o viceversa…), nuestros maestros. Gracias, gracias por todo.

Sabemos que la comunicación es irreversible e inevitable, pero también transformable, ajustable a las necesidades. Las ideas fijas y la cerrazón, los miedos y recelos; la inquietud cuando se lanza una nueva apuesta. No queremos que nada nos detenga, que nada te detenga en este viaje. Es llegar, sí. Llegar a una nueva década, la de los felices veinte (a ello aspiramos…), pero no hacerlo solos sino en compañía y de la mano de todos ustedes, con las herramientas del nuestra época.

Se habla tanto del progreso que la propia idea se ha convertido en un mito. Es verdad que, ya desde el siglo XIX, el progreso de la civilización occidental lleva impresa una tendencia a despojarse de toda clase de valores. En Docor la apuesta es otra, es un progreso humanitario que no es sinónimo (al menos no tan solo…) de productividad pura y dura. Al hilo de  esta reflexión, lanzará al espacio exterior nuevas ideas, distintos proyectos a los acostumbrados en la casa. Se trabajará en la internacionalización y el ahorro de costes; en nuevas publicaciones y atrevidas suma de ideas: queremos ser, también, exploradores en el siglo XXI.  Uno de ellos, el legendario Jacques-Yves Cousteau, nos recordó que “desde su nacimiento, el hombre lleva el peso de la gravedad sobre sus hombros. Está atornillado a la tierra. Pero el hombre no tiene más que hundirse bajo la superficie del agua y ser libre”. A eso aspiramos, a ser libres junto a todos ustedes.

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