Contigo Aprendí

Contigo Aprendí

Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente. El pensamiento corresponde a Peter Drucker, un abogado y tratadista austríaco, considerado el mayor filósofo de la administración en el siglo XX y reconocido como padre de la sociedad del conocimiento. Viene ahora esta idea a nuestra cabeza; ahora que es la hora de evocar los 18 años de vida de Docor Comunicación, recién cumplidos.  ¿Era valor lo de aquellos días…? Difícil saberlo. Porque temblaban el pulso y las rodillas a cada paso, sí;  pero también porque una relámpago de satisfacción recorría la empresa (en realidad la empresa era primero la persona, Alvaro Ortega Altuna solo…) cada vez que lograba hacerse escuchar, cada vez que una puerta se abría. Ya desde aquellos tiempos contigo aprendí, como diría cantando Armando Manzanero, el legendario artista mexicano. ¡Ay, México! Más tarde volaremos hacia allí…

Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar. A lo largo de estos 18 años, Docor Comunicación no ha hecho otra cosas que levantarse y sentarse, sin miedo para decir lo que se piensa y sin que doliesen prendas a la hora de rectificar si alguien (un cliente o un amigo, que al fin y al cabo son la misma cosa…) nos hacía ver cuál era el rumbo correcto. Valiente es aquel que tiene miedo pero que enfrenta y supera sus miedos. Aquel que no le teme a nada es un irresponsable.

La palabra. La palabra dicha, escrita, susurrada entre secretos o pregonada al viento. La palabra es la materia prima sobre la que gira la comunicación entre los hombres. La palabra que tanto ha pesado y pesa en Docor Comunicación a lo largo de estos 18 años. La palabra y el compromiso por llevarla a buen puerto, a veces con vientos de cola y en otras ocasiones con las tempestades de frente. Lo leí, no recuerdo ahora donde pero lo leí: la palabra  tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja, para lesionar; resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para dialogar, y multiplica cuando se da con generosidad. No es mal lema para contar lo que ha sido, es y será Docor comunicación. No es mala filosofía esa…

Ha cambiado Docor Comunicación porque ha cambiado el mundo desde entonces. Hoy no hay solo una persona sino un equipo formado a imagen y semejanza de su fundador, sí; pero también distinto. Es esa pluralidad de ideas la que enriquece a la empresa. Ha cambiado Docor porque ha cambiado la comunicación, entendida hoy en día en muchas ocasiones como una guerra de trincheras, donde los interlocutores ofrecen ruedas de prensa sin preguntas (o fantasmagóricas como aquella realizada a través de un plasma…), informes tergiversados, manejos perversos de la información, no para construir algo nuevo sino para derribar lo creado enfrente. No es la comunicación que nos gusta, pero es la que existe. También en esas aguas sabemos movernos. Y sin embargo…

Sin embargo la apuesta de Docor Comunicación es otra. Es un órdago a la cercanía, a la capacidad de trasladar la información de las fuentes allá donde haya sed de conocimiento; a la necesidad de formar, en lo que se pueda, una sociedad con más conocimiento, informándola. Es un all in sobre la mesa, jugado con las cartas de cada cliente, convenciendo o tratando de convencer a los medios de comunicación –a la sociedad, al fin y al cabo, porque ellos son sus cualificados interlocutores…– de que la baza que se ofrece es una mano ganadora.

Nada peor que quedarse quieto, que convertirse en estatua de sal como Lot. Docor Comunicación nació desde la especialización en la información sociosanitaria y con una vocación humanística: transmitir a la sociedad el conocimiento médico en su justo alcance, traduciendo el lenguaje en ocasiones críptico de la comunidad científica y llevándolo a pie de calle. Colaboramos en la formación de periodistas que en aquellos años se veían desamparados ante una información que les costaba entender; participamos en la sensibilización de los profesionales sanitarios para que accediesen a pie de calle. Y en ambos casos hay casos de éxito que corroboran que aquella obra de ingeniería estuvo bien hecha. Ahí están los puentes tendidos entre la ciencia y la calle.

Docor ha crecido y evolucionado, claro. Se ha hecho adulto y ha anchado miras, ha llevado su conocimiento y su manera de hacer las cosas a otros campos. La industria, la cultura, la empresa, la universidad… Son campos de regatas donde Docor cuenta con presencia, con experiencia y con la ciencia necesaria para convertir la información en un valor tangible, en algo sólido y no humo de pajas.

Oigámosle de nuevo al gran  Armando, regresemos a México, cuna de los procesos de internacionalización que emprendió empresa. “Aprendí que la semana tiene más de siete días/a hacer mayores mis contadas alegrías/y a ser dichoso yo contigo lo aprendí.” La letra parece escrita para Docor Comunicación y sus 18 años, los mismos que queremos celebrar con este post. Semanas de más de siete días (y días de más de 24 horas…), alegrías que crecen y la dicha compartida. ¿Podíamos esperar algo mejor aquel 20 de enero de 1996…?

Un pensamiento en “Contigo Aprendí

  1. Mi estimado Alvaro:

    Sin duda al voltear la mirada, se ve la senda que nunca se ha de volver a andar, pero si su espíritu que en el camino nació y creció con el sueño, la intención y la decisión de un espíritu arrojado.

    Seguramente esos inicios de incertidumbre, de preocupación y ocupación, son un adiós en los párrafos de los principios de tu y ahora de su aventura y que hoy en la cresta del tiempo los retos no son menores pero se tiene espíritu y sabiduría no sólo para ver salir el sol cada mañana y ser testigo, si no para entender como ilumina el sendero de su presente y su futuro para luego decirlo.

    Muchas felicidades por esos, sus primeros dieciocho años; sigan haciendo que su vida valga el momento y su porvenir. que Docor Comunicaciones siga siendo su pasión y su desveló, que al final de la juerga, es el espíritu de cada uno de ustedes quien hace de esto un nuevo amanecer.

    Felicidades.

    Eugenio Robles Alvarado

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